Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Sábado 11 octubre, 2008
Primero un comercial.
Hoy sábado no se transmitirá el programa ¡Tano… qué tal! en Radio Monumental, debido a una programación especial de la emisora con los previos del juego Surinam y Costa Rica.
Segundo.
Permítanme no escribir hoy de deportes.
Sé que con lo que detallo represento el sentir de miles de miles de costarricenses, que no tienen, como yo, un espacio para la protesta y el desahogo.
Ayer un amplio sector de la ciudad capital se precipitó en un caos vial impresionante. Los fuertes aguaceros del mediodía inundaron la pequeña y angosta calle, casi al frente del Hotel Irazú, vía de acceso a los conductores que no van para Alajuela. El paso se bloqueó y ardió Troya.
Quedó colapsado el tránsito desde el Gimnasio Nacional hasta dicha callecita; desde luego desde Plaza Mayor; el bajo de los Ledezma; toda la zona del Hospital México; Migración, la entrada a la Uruca por Heredia y el país se cayó en pedazos en la esquina de la Pozuelo. Toda la Uruca se paralizó; el semáforo de la Burger, cercano a Mazda se convirtió en un infierno.
Buses y tráilers se aprovecharon de su tamaño para destripar a los autos pequeños, nadie respetó luces, ni cruces. Hubo momentos, porque los sufrí en carne propia que por espacio de 20 minutos, los vehículos no se movían un metro, ni para adelante, ni para atrás.
Tenía un par de citas importantes por esa zona; una en el INA y otra en las bodegas de Universal, detrás de Migración y desde luego que las perdí. Quedé atrapado en ese infierno sin salida, ni solución por cuatro horas.
Tuve un problema de salud repentino; quizá producto del estrés, o la presión que se subió, no era para menos en aquel tumulto de autos, con conductores que se subían a las aceras y cogían contravía. Desesperado cuando transitaba frente al San José Palacio, me salí de la fila y me fui hasta el Barreal para “entrar por atrás” y fue peor.
Caí en la Pozuelo y ya no pude más.
Se me aceleró el corazón; a gritos pedía en mi interior la presencia de un inspector de tránsito que ayudara a solucionar ese desmadre. La presa implacable no se movía; como pude acerqué mi auto al estacionamiento de la Burguer; me envolvía una especie de claustrofobia; me urgía respirar, caminar, beber agua; ya en la Mazda, su gerente Manuel Alvarado me prestó auxilio y ahí reposé, sorprendido por la ausencia de tráficos en esa emergencia vial que sumaba cerca de seis horas o más.
Ni un solo tráfico en una zona amplia de caos.
Más tranquilo volví a mi auto y me escapé del infierno por la circunvalación hacia los Hatillos.
Y fue por esta zona donde mi enojo alcanzó su límite.
En la rotonda del Rancho Guanacaste estaban ayer a las 4.30 p.m. cinco inspectores haciendo partes de las plaquitas y en la de las Garantías Sociales, tres.
Ocho tráficos cazando autos con placa prohibida y ninguno trabajando en ese embotellamiento infernal.
¿Dónde estaban sus superiores?
¿Cómo es posible esto doña Karla González?
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