Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Martes 23 diciembre, 2008
Marcelo Herrera se equivocó.
Dejemos de lado lo de jugadores viejos y jóvenes.
Hablemos de que entre jueves y sábado había dos hechos ciertos: su equipo ganaba la serie final 2-0 y se tenía que presentar en un estadio a reventar, ya conocido por el técnico argentino en un clásico anterior, también perdido.
Como futbolista profesional que lo fue en Vélez, don Marcelo se sabe de memoria los clásicos y lo que significa para los dos equipos que lo forman, jugarlos como final de campeonato.
Herrera sabía que era un viaje al infierno y no supo prepararlo. Argumento a favor solo tiene la inesperada lesión de Ariel Rodríguez. El resto de la formación la tuvo completa y falló en la estrategia.
A un partido de este nivel, de este significado, con un entorno totalmente contrario y negativo, donde también cuenta y juega el pavor escénico, un equipo no se puede presentar sin portero.
No queremos crucificar a Patrick Pemberton; no hay ninguna necesidad de hacer leña del árbol caído; la crítica y el cuestionamiento es directo hacia el técnico del Alajuelense, porque el trabajo de Patrick en varios de los juegos anteriores a la final del Campeonato de Invierno fue deficitario. No solo permitió goles “parables”, sino que mostró nervios de mantequilla, rotos con cubierto desechable.
Era obligación del entrenador pensar en esto; no era un partido de lealtades, era una final de campeonato que se ganaba 2-0, una ventaja de oro que había que defenderla con los mejores y la Liga tuvo en banca, para un juego de esta envergadura, a un portero mundialista, probado, experimentado y que fue a la reserva por un par de flojas presentaciones que no ameritaban tanto castigo.
Pemberton mostró ser un portero sumamente nervioso en tres o cuatro de los partidos anteriores al último; en Alajuela soltó el único remate directo que le enviaron y de ese rebote Saprissa anotó, acción que posteriormente le fue anulada.
La noche del sábado, antes del par de anotaciones fulminantes de los morados, Giancarlo González le devolvió suave una bola de cabeza y Patrick la soltó. ¡Imagínense como estaba este muchacho!
Además, centenares de fanáticos de la Ultra a su espalda, con su cántico infernal de que, “ese no es un portero es una p… de cabaré”.
Entonces, si el portero no transmite seguridad, si el resto del equipo no mira a un futbolista bien parado, seguro, confiado y firme atrás, como lo ha sido Keylor Navas, seis años menor que Pemberton, desde que se apoderó de la titularidad en el Saprissa, el resto de la zona defensiva también muy joven en su mitad, se desborona porque cunde el pánico.
Incluso, después del 2-2 y por lo que estaba en juego, don Marcelo debió sustituir a Pemberton por Wardy, porque hasta ahí, ninguno de los equipos había ganado nada; sin embargo, el técnico decidió enterrarse con su prometedor portero y con su decisión, también sepultó las ilusiones de los seguidores rojinegros.
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