Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Miércoles 15 abril, 2009
El que se enoja pierde, dice el refrán.
Oscar Rojas se enojó y al final de la ruta, probablemente será el perdedor.
¿Qué puede perder?
Un mundial de fútbol y buen billete.
La plata no es todo, pero ser mundialista es un galardón que miles de atletas desean en cualquier disciplina deportiva y es lujo caro desestimarlo.
Hemos sido defensores del fútbol de don Oscar; varias veces pedimos su convocatoria al seleccionado; nos agrada su juego y aplaudimos su consolidación en el difícil fútbol mexicano, donde han fracasado como técnicos y profesionales los más pintados. Rojas ha sobrevivido en diferentes clubes porque tiene calidad; si no la tuviera, hace rato estaría de vuelta.
A pesar de esto y sin querer respaldar la posición del técnico Rodrigo Kenton, a la Selección Nacional el futbolista no le hará falta, pero estamos seguros que si Costa Rica se clasifica a Sudáfrica, al jugador sí le hará falta el grupo.
Nos da la impresión de que el entorno familiar de Oscar lo ha aconsejado mal; si por rechazo del público se marchó, pocos futbolistas quedarían en el equipo de todos. Los reproches, los silbidos y los gritos de protesta corren desaforados al lado de las derrotas.
Rojas no recibió ni la décima parte de rechazo que escucha con mucha humildad profesional Alvaro Saborío; a Michael Barrantes el fanático no lo dejó ni acomodarse contra El Salvador. Ricardo González hace rato estaría durmiendo en su casa, si hubiese hecho caso a las críticas que de su trabajo hacen la prensa y el público.
Igual muchísimos otros jugadores; recordemos el calvario de Luis Antonio Marín.
Suponemos que hay más de fondo en esta renuncia de Oscar Rojas a la tricolor, pero sentimos también que se ha hecho un alboroto que el suceso no lo amerita.
Rojas acusa una personalidad conflictiva que no significa que guste de entrar en conflictos: son dos cosas distintas, de manera que su renuncia al seleccionado puede verse como algo propio de un profesional que no tiene el equilibrio emocional como norma y que seguramente tomó la decisión de renunciar en un momento espiritual difícil.
Hay que dejarlo tranquilo en su retiro; no busquemos la mosca en el vaso de leche; no vale la pena profundizar en su decisión; hasta la fecha y quizá injustamente no ha sido un futbolista estelar de nuestro seleccionado y hay mano de obra de sobra para suplirlo.
El tema está agotado, al menos de nuestra parte, porque no merece la pena amplificarlo; otros cien pesos sería la renuncia a la Selección de Walter Centeno, Freddy Fernández, Celso Borges y otros futbolistas referentes.
Puede ser, y puede que no, que en 2010, cuando la Selección Nacional debute en la Copa del Mundo, porque se va a clasificar, quizá Oscar Rojas hable con su conciencia y se pregunte el porqué no estuvo ahí y cuando se repartan los “chumicos” como premio por la clasificación, quizá diga también, que no le hubiesen caído a su familia, nada mal.
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