Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Martes 19 mayo, 2009
Detesto las apelaciones y como no soy abogado, por obligación conocedores de leyes y reglamentos, me dejo llevar por el sentido común a falta de conocimientos.
Costa Rica, como nación, está atrapada en una maraña de leyes que todo lo frenan; el país no avanza, sobre todo en aspectos de infraestructura por el reinado de la apelación.
Aquí todo se apela y el fútbol, pasión del pueblo, no puede ser excepción.
¿Quién tiene razón?
¡Yo no sé!
Como un miembro más del amplio entorno del fútbol costarricense, al que supongo pertenezco como periodista deportivo que soy, rechazo de plano el comportamiento de la dirigencia de Liberia Mía.
No me interesan los antecedentes; no sé si los liberianos repiten formas de ser y de actuar de otros clubes, otros dirigentes, otros técnicos o jugadores.
Hay que jugar limpio y si antes de esta apelación de Liberia Mía, otros ensuciaron en su momento el fútbol nacional, no se debe repetir lo nauseabundo de una mala decisión o de un proceder incorrecto, solo porque el antecedente, la norma o el inciso lo permite.
Los profesionales decentes, los dirigentes decentes, los entrenadores decentes, saben en qué momento y en qué instante se deben tomar decisiones correctas y si deciden, traicionando sus conciencias, tomar decisiones incorrectas (“aunque legales”) que atentan el sentido común y la lógica, eso no es un buen proceder.
Antes de apelar solo por apelar; antes de apelar para tratar de ganar en un escritorio lo que se perdió en la cancha; antes de apelar únicamente porque antes, otro hizo lo mismo, no es correcto.
El fanático jamás debería de pasarle por encima al probo ciudadano.
Todos nosotros en la vida afrontamos momentos en los que debemos decidir de acuerdo con valores y principios que nos dictan el corazón y la conciencia.
Cuando nos aferramos a buscar salidas de nuestras derrotas o del mal comportamiento de nuestros hijos o futbolistas, imitando los pésimos comportamientos de nuestros vecinos, colegas o miembros del gremio en que laboramos, no estamos, ni jugando limpio, ni procediendo con decencia y corrección.
¡Pobre de aquel que procedió sin decencia de primero!
¡Qué lástima que un segundo repitió la mala conducta!
¿Por qué debo ser yo el tercero?
¿Cómo es que no sale en un tribunal, en una junta directiva; en un cuerpo técnico; en un equipo; una sola persona que rechace el mal procedimiento del compañero?
Las malas acciones no se repiten; se corrigen.
Faltó señorío en el fútbol costarricense en los últimos meses, el fútbol costarricense no está de luto porque ese luto lo dictó el Saprissa; los lazos negros debemos colgarnoslos todos los que habitamos en su entorno, por no gritar y por no parar a tiempo tanta desventura, consecuencia directa de un fanatismo ciego que niega espacio al pensamiento sano.
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