Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Miércoles 24 junio, 2009
Pagar por ver…
¿Por ver qué?
El campeonato mayor de fútbol de Costa Rica.
El gancho es débil.
¿Irá a colocar don Minor Vargas en las promociones, a las guapísimas brujitas que adornan el Cuty Monge cada vez que juega Brujas?
Porque, con esos monumentos en la pantalla pequeña en los previos de los partidos, quizá valga la pena cancelar los $10 y que quienes los paguen no se sientan defraudados después por el espectáculo que puedan presentar en un partido, cualquiera de los 12 equipos que participan en la primera división, el 90% de las ocasiones, bien pobre.
El fútbol es una industria; es un negocio que mueve millones de dólares en el mundo y quienes presiden los clubes son en su mayoría empresarios que se meten a eso, no por amor a la camiseta, salvo Carlos González en Carmelita, que debe ser un ejemplo mundial, sino para ganar dinero.
Los presidentes de clubes y otros compañeros de directiva invierten en sus equipos; también pululan en ellas muchísimos bombetas de triple trueno que se meten a eso sin invertir un centavo y se contentan con ser delegados en un viaje a Managua; acompañar a los dedicados al centro del campo y entrar gratis al palco del equipo.
Quien invierte en un negocio busca recompensa; no moral, sino monetaria.
Entonces, que don Minor y otro grupo de empresarios busquen y procuren senderos que los lleven al éxito económico es legal y está bien hecho.
Esa idea que tuvieron o que mantienen de que los aficionados al fútbol criollo paguen por ver el torneo, podrá ser rechazada o aprobada, pero es correcta. Debe verse como un negocio más, con sus lógicos riesgos.
¿Qué pasó?
Que el proyecto o esta idea nada original porque es copiada de países con otra cultura deportiva, tocó intereses de otro tipo de empresarios que están metidos en el fútbol no como dirigentes de clubes, sino como propietarios de los canales de la televisión, que atrapan un señor negocio con las transmisiones abiertas de esos mismos partidos que hoy los dirigentes quieren cerrar.
Entonces, lo curioso del caso es que unos empresarios buscan arriesgarse, rechazando para sus clubes los aportes millonarios de las empresas televisoras, jugándosela a que los aficionados paguen por ver ese fútbol y se topan con la lógica negativa de sus colegas que tienen su capital metido en los canales y no en las mesas directivas.
Se da un conflicto de intereses en el que, por lógica, los periodistas deportivos que trabajan en esas empresas televisivas defienden a sus patronos, sin argumentos fuertes para oponerse a estas transmisiones pagadas, salvo de que limitarán la posibilidad de ver fútbol —no sabemos si del bueno o del malo—, a miles de costarricenses que no tienen acceso o no tienen dinero para cancelar la cuota.
Nos parece que todo se resume a un conflicto de intereses económicos, de ahí lo difícil para la prensa que no trabaja en las televisoras el tomar partido.
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