Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Lunes 20 octubre, 2008
Sucede muy a menudo.
Los ciudadanos protestan porque no se cumplen ciertas prioridades y se les olvida que el mundo no es perfecto.
Para tener un mundo ideal, podríamos empezar a construirlo regalándole a los niños pobres los miles de millones de dólares que les sobran a los ricos.
Si hubiera justicia en el mundo, no moriría un niño de hambre cada minuto en naciones sumergidas en la extrema pobreza.
Cuántos miles y miles de personas se salvarían en las salas de cirugía de todos los hospitales del orbe, si hubiese más donadores de sangre, más donadores de órganos humanos vitales, pero sobre todo de dinero. Gente que regalara su dinero a otras personas, a quienes les urge para cancelar tratamientos médicos muy caros a ellos o a sus seres queridos.
La tarde del sábado visité Plaza Rohrmoser. Una señora, con un espíritu de servicio envidiable y sin molestar a nadie, estuvo sentada por horas al frente de una mesa y alcancía, donde se pedían cien colones para dar tratamiento a niños con parálisis cerebral.
¡Cuántos echamos unas monedas más por remordimiento que por verdadera comprensión del problema, pero entramos al negocio siguiente a cancelar miles de colones en algún objeto innecesario!
Y cuántos centenares de ciudadanos pasaron frente a la alcancía y no depositaron nada.
No quiero, porque no lo soy, jugar de frío y de poca solidaridad. Pero, expongamos una triste realidad y focalicémosla en nuestro país.
Todos los días lamentablemente se publican historias dramáticas de niñas y niños que requieren cirugías urgentes en hospitales de primer mundo para salvar su vida.
¿Cuántos de nosotros somos capaces de quitarle un bocado extra o un regalo extra a hijos y nietos, y abonar esos tres o cinco mil colones en la cuenta que les urge a los padres de esos infantes?
Lo prioritario es la vida del niño. Sin embargo, cumplimos con lo secundario, porque en el mundo es imposible hasta por asuntos de lógica, cerrar lo prioritario. La gente, las familias, aunque sean solidarias están en lo suyo, resolviendo asuntos del entorno y de su metro cuadrado.
No existe el desprendimiento universal para solucionar los problemas, valga la redundancia, universales.
Todo este cuento para rechazar de plano las objeciones a la construcción del nuevo Estadio Nacional, con la excusa de que Costa Rica tiene otras prioridades: puentes, carreteras, viviendas, bibliotecas y centenares más.
Todos los países del mundo tienen prioridades, todos los seres humanos tienen prioridades, el derecho a la salud y a la vida es prioritario. Pero, es imposible cumplirlas.
Entonces, si el gobierno de China regaló específicamente un Estadio Nacional, pues vamos a construirlo y punto y no canjearlo por diez puentes, una biblioteca o 118 viviendas. Esto es politiquería y muy barata.
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