Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Viernes 28 diciembre, 2007
Una nota del periódico Al Día del pasado lunes, informa que el presidente del Parlamento alemán, Norbert Lammert, criticó los altos sueldos de los futbolistas.
“Me enoja mucho los excesos de sueldos que vemos en el deporte, en especial en el fútbol”, dijo. “Me parece inconcebible”, agregó. Además, el político atacó directamente al Bayern Munich.
“Los parámetros dejan de existir cuando se compra por millones de euros a un jugador y se le asegura un ingreso que muchos no conseguirían en años de ardua labor”, indicó.
Rescato la información porque este es un tema que se analiza bastante en esta Nota; pienso exactamente igual que el parlamentista; alguien en un momento determinado se volvió loco en alguna parte del mundo y disparó la inflación. Las réplicas tronaron en el fútbol costarricense después de Italia 90 y todo cambió.
Como sé que el tema causa antipatía en nuestros futbolistas, siempre aclaro un par de cosas.
La primera es que si el patrón está de acuerdo con cancelar salarios millonarios a sus empleados, al autor de esta columna eso no le debería importar y de hecho no nos importa. Tocamos el tema porque lo enfocamos hacia otras aristas y ángulos, derivados de ese fenómeno.
Segundo: insistimos en que se deberían pagar los salarios de acuerdo con el rendimiento de los beneficiados. Entonces, y eso lo escribimos a cada rato, que el bueno gane como bueno, pero no que el malo de calidad, gane como bueno.
Al fin de cuentas, el salario monumental de Alex Rodríguez con los Yanquis ($27 millones cada mes), el pelotero se los gana con sus números al final de cada temporada, números monumentales como su sueldo, pero esto no sucede en el fútbol de Costa Rica. Lo acabamos de ver con Herediano.
Cuando leo esta semana las declaraciones de los mejores jugadores del Saprissa, varios con salarios de seis ceros a la derecha y nos hablan del “sacrificio propio y de sus familias” para lograr la corona, queda la impresión de que son “mentirosillos”.
Porque… ¿cuál sacrificio?
Digamos que entrenan seis horas por día, que son muchas. ¿Qué hacen las otras 18?
Duermen ocho horas al día. ¡Dichosos! Les quedan diez horas libres. Muchachos ejemplares y caseros como Víctor Cordero y José Francisco Porras, por citar a dos de los líderes tricampeones, pasan esas horas con sus seres queridos.
Los concentran en buenos hoteles; si los convocan a la Selección les espera trabajo pero igual confort. No se bajan de los aviones; conocen y disfrutan de hoteles y países y cada siete días, lean bien, cada siete días, les llega un cheque con seis ceros a la derecha.
Tienen “carrazos”, visten ropa de marca, los bien portados pueden dar a sus seres queridos calidad de vida; fincas de recreo, casas de playa, cabañas en la montaña. Los mal portados, tienen sexo con las mujeres más hermosas del país; tremenda gratificación.
Entonces… ¿cuál sacrificio?
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