Competitividad, empleo y desigualdad en la era de la automatización
Ecoanálisis Consultores [email protected] | Lunes 22 abril, 2019

Ricardo Monge González, Ph.D
Consultor fundador de Ecoanálisis
La automatización no es algo nuevo. La humanidad siempre ha desarrollado nuevas y mejores herramientas y tecnologías que le permitan producir más bienes y servicios con menos esfuerzo humano. No obstante, desde los avances en los circuitos integrados se ha producido toda una nueva tecnología la cual ha creado lo que el Foro Económico Mundial ha dado en llamar la cuarta revolución industrial. Esta revolución se caracteriza por su mayor velocidad, alcance e impacto en los sistemas económicos y sociales. La automatización de procesos y tareas mediante el uso de robots e inteligencia artificial es una característica sobresaliente de la nueva revolución industrial. Los impactos de la automatización se ven tanto en la competitividad como en el empleo. La evidencia empírica muestra que las empresas que se automatizan mejoran su productividad y por ende su posición competitiva, lo que hace de este resultado un incentivo para que cada día más empresas automaticen sus procesos productivos. Así, la automatización no es una alternativa, es algo con lo que se debe aprender a vivir, ya que las actividades productivas que no se automaticen serán desplazadas del mercado. Mientras este resultado se puede considerar positivo, el impacto sobre el empleo no es tan claro. Acá juegan dos efectos contrarios: efecto desplazamiento y efecto compensatorio. El primero se produce al sustituirse trabajadores por máquinas, especialmente trabajadores que realizan tareas rutinarias. El segundo se refiere al aumento de la demanda de empleo gracias al incremento en la productividad, la acumulación de capital y la profundización de la automatización en las diferentes actividades productivas. El que el efecto compensatorio llegue o no a ser mayor que el efecto desplazamiento, dependerá de las políticas y programas que se adopten en un país, por parte del sector público, privado, sociedad civil y academia. En una reciente publicación de McKinsey & Company se señalan cuatro campos de acción para enfrentar con éxito la automatización. Promover el crecimiento económico: Promover la reactivación económica, ya que las economías que no crecen no crean empleos. El profesor Dani Rodrik de la Universidad de Harvard plantea la importancia de promover el desarrollo de sectores de media tecnología como agricultura, turismo y logística, donde el enfoque de clústeres debería constituirse en la herramienta para lograr tal desarrollo, tal y como lo he señalado en un reciente estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Mejorar las habilidades: Incrementar las habilidades básicas, blandas y técnicas/ocupacionales de los trabajadores, especialmente trabajadores de mandos medios que trabajarán con máquinas. Aumentar la flexibilidad del mercado laboral: El cambio de puestos de trabajo requerirá de mercados de trabajo más fluidos, mayor movilidad y mejor acoplamiento entre la oferta laboral y las oportunidades de empleo. Apoyo durante la transición: Es necesario apoyar la transición de los trabajadores desplazados por la automatización para que puedan encontrar nuevos empleos (p.ej. re-entrenamiento). Por otra parte, en un reciente trabajo de Brookings Institution, se señala la importancia de agregar la dimensión geográfica (oportunidades de empleo y salarios entre diferentes regiones) a la discusión sobre los impactos de la automatización. Se encontró que en los EEUU la automatización está incrementando la desigualdad en ingresos y oportunidades laborales entre regiones. Ante ello, se recomienda llevar a cabo esfuerzos adicionales en dos ámbitos: (i) identificar las regiones más vulnerables ante la automatización, y (ii) definir programas de apoyo que les permitan hacerse más resilientes a la automatización. Lo anterior implica coordinar esfuerzos entre diferentes actores públicos, privados y académicos, así como entre el gobierno nacional y los gobiernos locales. La difusión más rápida de las nuevas tecnologías, sus avances proyectados en nuevas áreas de ocupación y su poder manifiesto para rehacer a las empresas, industrias y mercados laborales locales, las hacen potenciales factores de diferenciación regional. Así, está claro que se requiere de un planteamiento de ajuste coordinado que incluya políticos, educadores, sector privado y sociedad civil, a nivel nacional y local, para enfrentar con éxito los retos y aprovechar las oportunidades de la automatización en Costa Rica.
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